No, Trump NO es libertario

Las elecciones americanas están a la vuelta de la esquina y, como era de esperar, están dando mucho de qué hablar aquí, al otro lado del charco. Cuando el europeo medio (y específicamente, el español) oye hablar del candidato republicano a la Casa Blanca Donald J. Trump, lo primero que se le viene a la cabeza es misógino, machista, racista, xenófobo e inepto. Pues bien, hay cierto grupo de individuos que, lejos de pensar en todos estos epítetos, según ellos creados por los mass media (y con gran parte de razón, como explicaré más adelante), piensan en el magnate como un acérrimo libertario.

Bueno, lo soltaré aquí en frío (aunque ya lo habrán leído en el título): Trump NO es un libertario. Las razones por las que se puede pensar que éste candidato es el mismísimo Murray Rothbard serán expuestas al final del artículo, pero primero recurriremos a la palabra del propio Trump: su programa electoral.

Y no, no tengo pensado hablar de los TrumpGate o escándalos Trump derivados de frases desafortunadas que haya dicho hace años. Seamos serios.

1. Reforma fiscal

El Pilar Libertario de Trump, la carta del triunfo de los ancaps4trump (me tomé la libertad de llamarles así. Sin acritud alguna.). Trump pretende realizar (sic) la mayor revolución fiscal del país desde Ronald Reagan. Para nombrar a Reagan en materia fiscal hay que hablar en serio, pues son palabras mayores. Y vaya si va en serio.

De primeras, Trump propone una tasa del 0% para familias de bajos ingresos. No sólo eso, también quiere reducir los siete tramos de dicho impuesto en tan sólo tres:

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Fuente: Tax Foundation

No sólo eso, sino que también eliminaría impuestos como el Net Investment Income Tax, el propio del Obamacare, que grava hasta 3,8%, el Alternative Minimum Tax (AMT) y el Death Tax, que viene a ser nuestro Impuesto de sucesiones (excepcionando este último a las ganancias de capital superiores a 10M de dólares).

También parece una persona justa, pues pretende eliminar deducciones fiscales personales y el estado civil de head-of-household o cabeza de familia en español.

Por no hablar de los business tax (Impuesto de Sociedades), que se reducirían del 35 al 15%. Su gran baza para atraer capital e inversión. Un verdadero fan del tickle-down.

La reforma fiscal de Trump es importante y, ¡Qué demonios, si tiene razón! Excepto por un pequeño detalle… Trump no puede explicar cómo va a financiar su tremenda subida del gasto.

En efecto, señoras y señores, Trump pretende subir el gasto.

La partida presupuestaria más ambiciosa de Trump es de, nada más ni nada menos que medio billón de dólares en infraestructuras.

Su cantidad es una fracción de lo que estamos hablando [en referencia al plan de reconstrucción de Clinton de 275 millones de dólares] Necesitamos mucho más dinero que eso para reformar nuestra infraestructura. Diría que al menos el doble de su cantidad, y realmente vas a necesitar más que eso. Tenemos edificios que se están cayendo. No sé si has visto alguna vez las cartas de advertencia, pero tenemos muchos, muchos edificios en peligro de caerse. Son viejos. No se han arreglado. (Trump. 02/02/2016)

Además, el plan de Trump tiene otra función, que es la de (sic) poner a un montón de gente a trabajar porque necesitamos trabajo. Aumentar el gasto para incentivar la creación de empleo… ¿no les suena a un plan de estímulo keynesiano?

Pero dejemos de lado lo impactante que es el hecho de que la encarnación de Mises pretenda aumentar en gasto público de sobremanera para crear empleo. La pregunta más obvia, lector avispado, ya se la habrá planteado a mitad de la cita de este señor: ¿Cómo diablos pretende financiarlo?

Una bajada fiscal puede, en efecto, aumentar la recaudación (fíjense en Irlanda), pero, ¿de verdad estaría a la altura de la ambiciosa reforma de Trump? Él, por supuesto, responde afirmativamente, pero no hay ningún informe serio que lo avale.

2. Política exterior American-First

Si bien el apartado anterior era la carta del triunfo de los ancaps4trump, este es su talón de Aquiles, su criptonita. Y es que no es ningún secreto que Donald Trump sea un auténtico proteccionista. Probablemente sea ésta la base filosófica de su famoso slogan Make America Great Again.

Numerosas veces el candidato republicano ha mostrado su desagrado con la globalización, que ha puesto al trabajador americano al servicio de las élites y lo ha empobrecido. American First. ¡Si parece la versión estadounidense de Democracia Nacional!

Bajo frases populistas como que América se ha vuelto dependiente de otros países, Trump ha prometido que, bajo su mandato, no habrá TPP y que, además, se renegociará el NAFTA, y no lo renegociará para mejorar un poco las condiciones de los trabajadores americanos, sino para mejorarlas mucho más. Un burócrata luchando a decretazo por los derechos de los trabajadores, ¿dónde ha quedado eso del orden espontaneo y la mano invisible?

No, no espere una comparación sarcástica entre Trump y Pablo Iglesias o Mariane Le Pen. Trump va mucho más lejos. Pues nuestro candidato libertario pretende comenzar una guerra económica contra China.

En efecto, Trump pretende marcar a China como un criminal económico por la continua devaluación de su divisa. ¿Y qué mejor medida contra un criminal que amenazarle donde más le duele? Pues sí, el nuevo republicano pretende atacar a las manufacturas chinas con unos aranceles del 45% si sigue con su criminal política monetaria, además de expulsarse de la World Trade Organization (WTO). Y no sólo arremeterá contra China, también contra México. Y no, no hablo del dichoso muro, hablo del arancel del 35% a sus productos.

Pero ya que sacamos el tema inmigración, echemos toda la carne en el asador: Trump pretende deportar a 11 millones de inmigrantes ilegales, que traen las drogas y se llevan el dinero. Parece que Mr. Trump no ha pensado en lo que supone expulsar a 11 millones de trabajadores de la tierra de las oportunidades.

Trump tampoco habrá pensado en que el comercio exterior supone un 13% del PIB estadounidense y que, irónicamente, sus aranceles suponen un impuesto para pequeños comercios y minoristas como es el caso de WalMart.

¿No les parece esto un mercantilismo puro y duro? Ah, todo el trabajo de Adam Smith devastado por las nuevas ideas libertarias de Donald Trump. Pero, dejando esto de lado, ¿no les recuerda a un caso parecido ocurrido hace cerca de un siglo en el mismo país?

¡Exacto! Hablo de la Ley Hawley-Smoot, también conocida como la Tariff Act of 1930 (Ley de Aranceles de 1930), cuyo nombre se debe a sus promotores Reed Smoot y Willis C. Hawley, senadores durante el mandato del presidente Herbert Hoover. Con el objetivo de “proteger a los trabajadores y agricultores americanos de la competencia extranjera”, los aranceles se impusieron a más de 20.000 productos, incluyendo más tarde los industriales.

Como habrá imaginado, estimado lector, las represalias internacionales fueron catastróficas. Canadá subió aranceles un 30% contra productos americanos mientras se arrimaba a la Commonwealth británica. Gran Bretaña y Francia no se quedaron atrás y también optaron por medidas proteccionistas. Y Alemania… bueno, todos sabemos lo que pasó con Alemania.

Así es, Estados Unidos quedó marginado del comercio internacional, y las consecuencias no fueron buenas, no estando en una Gran Depresión.

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Los americanos siempre tuvieron gracia para sus slogans

El resultado en la actualidad no sería diferente: Según la Tax Policy Center, Trump haría crecer la deuda nacional cerca de 9,3 billones de dólares durante la primera década.

Aunque a Trump esto no parece importarle, pues se ha denominado a sí mismo como King of Debt (Rey de la Deuda). Y con esto no quiero decir que pretenda impagarla (ya dejé claro que Trump no es nuestro Pablo Iglesias), pues al menos se muestra responsable en cuanto a estas… pero no de la forma en la que creen. Así es, you never have to default because you print the money. No, éste no es Eduardo Garzón explicando su exitoso plan a la Reserva Federal, es el plan de Donald Trump para pagar su deuda. Y, tal y como imaginan, el candidato republicano pretende acabar con la independencia de la Fed:

No tengo nada contra Yellen, es una persona muy capaz. Pero no es republicana. […] Adoro el concepto de un dólar fuerte, pero, si miras lo que el dólar fuerte provoca, te das cuenta de que es algo que suena mucho mejor de lo que es. (Donald Trump, 05/05/2016 ante la CNBC).

3. Política militar

Antes de que me salten a la yugular con y Hillary Clinton QUÉ ¿eh? voy a soltarlo: Clinton es una sociópata belicista y una asesina. Ya está, ¿contento? Bien, prosigamos con el tema central del artículo: El libertario de Donald Trump. Pues he leído recientemente de los ancaps4trump que el magnate es un aislacionista (no en materia económica, ya hemos afirmado que, en efecto, lo es) en lo que a la política militar se refiere. Bueno, no se puede decir que llegue a los niveles de los brotes psicóticos de Hillary, pero Trump no se queda muy atrás.

Según él, hay que terminar con los recortes al gasto militar de la era Obama y aumentar el gasto en Defensa. Bueno, aumentar, triplicar. Y este gasto se le va en añadir 50.000 soldados (actualmente el ejército estadounidense tiene un total de 490.000), 350 naves de guerra entre buques y submarinos, 1.200 aviones de combate y un refuerzo del sistema defensivo de los misiles. Donald Trump ha asegurado que generará empleo (Keynes, is that you again?), pero no hará más que aumentar la deuda nacional en algo que no genera valor para la sociedad.

¿Y su plan para acabar con el Estado Islámico? Pues, cual Poncio Pilatos, nuestro aspirante a presidente se lavará las manos y dejará el plan para los generales. Literalmente: les dejará un margen de 30 días para acabar con Daesh. Quizás por esto se haya ganado en apoyo de hasta 88 generales del ejército norteamericano, quienes ven a Trump como un hombre con carácter.

Me van a disculpar, pero yo veo esta reforma militar más cercana a Vladimir Putin que a Ron Paul.

¿Es Donald Trump un libertario?

¿Eres estúpido? ¿Llevas todo el artículo dando una respuesta negativa para acabar formulando esta pregunta?  Pues, amigo lector, la pregunta tiene un por qué. Es más, todo el artículo tiene un por qué.

La respuesta, como ya dije al principio del artículo, es NO. Donald Trump no es un libertario. Ni lo es públicamente, ni lo es en secreto. Y esto último viene a cuento del último argumento de los ancaps4trump. Según parece, Donald Trump tiene un Mr. Hyde libertario que no muestra al público. O es Ron Paul moviendo los hilos en la sombra. ¿Os lo imagináis? Donald Trump pretende engañar al paleto medio del sur de los Estados Unidos para que le vote e, inesperadamente… ¡se quite la máscara y muestre su lado libertario! ¡Sí, todo era un engaño! Los aranceles, la subida del gasto en infraestructura y en Defensa, la política monetaria, sus planes anti-inmigración… pero no.

Qué queréis que os diga, a mí me parecería fantástico que Trump fuera un libertario encubierto. Si juntamos la revolución fiscal con su estrategia populista encajaría. Pero no es así. ¿Por qué? Pues, ¿soy el único que ha pensado que bajar impuestos es también palabrería populista? ¿Dónde está la barrera entre el populismo y la veracidad en el Sr. Trump? ¿Por qué subir el gasto exageradamente es populista y bajar impuestos es veraz? Permítanme que les diga que hablar de bajar impuestos no es algo exclusivo de los liberales y libertarios. Todos hemos oído hablar, por ejemplo, a Eduardo Garzón acerca de cómo aumentar el gasto sin subir impuestos tecleando dinero. “Bajar impuestos” no es el fin de Trump, es el medio. Mera palabrería populista.

Si me preguntan, Trump no es un libertario, es sólo un showman bastante carismático y con un ego tan grande que sería capaz de llevarlo a la Casa Blanca. Su programa es, simplemente irrealizable.

Y aquí es a donde quería llegar.

Trump, lejos de ser un libertario, es un inepto. Y estoy seguro de que no cumplirá su programa (puedo equivocarme) si gana las elecciones. ¿Qué hará Trump entonces? Enfrentarse a la realidad. Y tiene dos formas de hacerlo.

La primera es tomando el camino malo o el camino estatista. Trump financiaría su enorme gasto público subiendo impuestos exageradamente o mantendría el tan difamado por él mismo establishment: un Obama republicano. Worst Ending.

La segunda es tomando el camino bueno o el camino libertario. Trump mantendría su política fiscal y bajaría el gasto público a niveles realistas, renunciaría a la política arancelaria y firmaría en NAFTA y el TPP sin rechistar como hubiera hecho Hillary.

¿Y qué nos garantiza que Trump tome el segundo camino? La respuesta tiene nombre y apellido: Judy Shelton.

¿Quién es esa Judy Shelton? Se preguntará. Judy Shelton, estimado lector, es la asesora económica de Donald Trump. Seguramente su Tax Reform venga de ella.

¿Y qué le hace tan importante? Bien, Judy Shelton es una doctora en economía y es la co-directora de del Sound Money Project, proyecto de la Atlas Network, un think-thank libertario. Es autora de libros como Money Meltdown (1994), A Guide to Sound Money (2010) y Fixing the Dollar Now: Why US Money Lost Its Integrity and How We Can Restore It (2011). Todas estas obras tienen algo en común: La previsión del colapso del dólar. Y no sólo eso, recientemente, Shelton ha estado defendiendo el retorno al patrón oro.

Creo que a todos se os hará obvio que las medidas de Trump en lo referente al comercio exterior harían que esta señora se tirara de los pelos al oírlas. ¿Qué hace con él entonces? La respuesta no puede ser otra que pragmatismo. Shelton ha visto una oportunidad en un inepto como Trump que, sin embargo, le cae bien a la gente. Y ha sabido aprovecharla (¡Y nos reíamos cuando Daniel Lacalle se enlistaba en el PP de Madrid!). ¿Quién estará allí cuando Trump se enfrente a la realidad? Shelton.

Señoras, señores, el momento libertario no viene con Donald Trump, el momento libertario viene con Judy Shelton.

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